Siempre he tenido un miedo irracional a la oscuridad. Cruzar el pasillo de casa sin luz era para mí todo un reto, y no tardaba en encender el primer interruptor que me encontrara en mi marcha hacia cualquiera de las habitaciones. Sin embargo, a la vez me causaba cierta fascinación. No podía evitar mirar hacia el pasillo de vez en cuando como si esperara encontrar algo allí, a donde la luz no llegaba del todo. Claro que esto me ocurría cuando se hacía de noche, puesto que por el día toda la casa se hallaba iluminada. Afortunadamente para mí, cada habitación disponía de su correspondiente ventana, y la luz que traspasaba llegaba sin problemas a cualquier rincón. Hoy en día, sigo arrastrando en cierta medida aquel terror que acompañó a mi infancia. A veces, mientras salgo del pasillo, me es imposible no notar una presión extraña detrás. Algo que me tienta a girarme, como si de esa manera desapareciera tal miedo. Como si aquello que me acechara fuera repelido por mi mirada. Mi miedo se...
¿Debería abrir mi corazón? Kingdom Hearts II es más grande, apuesta por una historia más elaborada, añade más personajes y amplía las posibilidades del combate. En resumidas cuentas, es ambicioso. Sin embargo, la ambición conlleva varios riesgos, y por ello Kingdom Hearts II sigue padeciendo muchas imperfecciones. No ya solo por querer aspirar a algo mayor, sino por arrastrar varias lacras de los anteriores. Me sigue pareciendo una saga difícil de recomendar, y me sigo planteando si han merecido la pena todas las horas invertidas desde el primero, pasando por Chain of Memories y terminando con este. Sin contar aún, como es lógico, los que me quedan por jugar. Que no son precisamente pocos. Por ello, mediante las siguientes líneas no me toca a mí, sino a ti decidir si realmente merece la pena ponerse a los mandos de tan mítica saga.